Cómo recuperarse después de una artroscopía de rodilla

Cómo recuperarse después de una artroscopía de rodilla

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Cómo recuperarse después de una artroscopía de rodilla – wikiHow

La artroscopía de rodilla es un procedimiento quirúrgico común, en el cual se utiliza una cámara diminuta para observar la articulación por dentro.
La artroscopía de rodilla es un procedimiento quirúrgico común, en el cual se utiliza una cámara diminuta para observar la articulación por dentro. La artroscopía le permite al cirujano ortopédico, visualizar clara y detenidamente la estructura interna de la rodilla para poder elaborar un diagnóstico y tratar cualquier patología. Actualmente, según la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, cada año se realizan cerca de 4 millones de cirugías artroscópicas de rodilla. [1] El tiempo de recuperación de la cirugía artroscópica de rodilla es mucho menor al de la cirugía tradicional a rodilla abierta.

Parte 1 de 2: Recuperándose de una artroscopía de rodilla

  1. Sigue las indicaciones de tu médico. Es fundamental que cumplas estrictamente con las instrucciones y recomendaciones que te dará el cirujano. Es probable que te prescriba algunas medicinas como analgésicos, antibióticos, antiácidos o anticoagulantes.
    • Analgésicos para calmar el dolor. Los más utilizados son los opioides, diclofenaco de sodio, ibuprofeno y acetaminofeno.
    • Antibióticos profilácticos para prevenir infecciones.
    • Antiácidos para evitar la aparición de úlceras estomacales a causa del estrés.
    • Anticoagulantes para prevenir la formación de coágulos sanguíneos.

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  2. Evita una posible inflamación. Mientras descansas, coloca un par de almohadas debajo de tu pierna y eleva tu rodilla aproximadamente a la altura del corazón, manteniendo la espalda recta. Ten presente que, después de la cirugía, el tejido que se encuentra alrededor de la zona operada ha quedado dañado y frágil. La gravedad atraerá el líquido articular acumulado hacia la pierna. Si esto sucede, este líquido podría derramarse a través del tejido que se encuentra dañado y frágil ocasionando una inflamación. Por consiguiente, mantener la pierna elevada, resulta de gran ayuda para minimizar la posibilidad de un derrame de líquido articular y de una inflamación.
  3. Aplica hielo sobre la rodilla. El hielo ayuda a reducir la inflamación y el dolor. La baja temperatura producirá un vaso espasmo, que es la contracción de los vasos sanguíneos de la piel como respuesta a un estímulo, frecuentemente el frío. De esta manera, se evita un derrame innecesario de fluido articular en la zona. Además, es posible que el efecto del frío desvíe tu atención de la sensación de dolor.
    • Coloca hielo sobre la zona afectada de 20 a 30 minutos varias veces al día. Toma en cuenta que el hielo debe aplicarse solo durante el tiempo recomendado, cualquier exceso podría causar daño a nivel de los nervios. Evita aplicar el hielo directamente sobre la piel ya que podría producirse un daño o irritación en la dermis. Puedes usar el hielo dentro de una compresa o envolverlo en una toalla.
  4. Cuidado del vendaje. El vendaje es esencial para la adecuada curación de la herida quirúrgica después de la operación. Antes de dejar el hospital te colocarán un vendaje que cubrirá tu rodilla, el cual se encargará de absorber el líquido articular, si lo hubiera. Asegúrate de mantener la incisión quirúrgica siempre limpia y seca.
  5. Cambia el vendaje según las indicaciones de tu médico. Durante la primera semana después de la operación debes asegurarte de mantener la herida quirúrgica seca mientras te bañas. Si el vendaje se humedece debes cambiarlo por uno nuevo.
    • Puedes empezar a bañarte después de 48 horas de terminada la cirugía.
    • El proceso curativo de una herida quirúrgica es el mismo al de un corte en la piel. Utiliza yodo para limpiar la herida. Puedes usar un algodón con alcohol para quitar las manchas amarillas que deja el yodo sobre la piel.

Parte 2 de 2: La terapia física y sus etapas

  1. Establece un cronograma con tu médico. Los siguientes ejercicios te ayudarán a recuperar la movilidad y la fuerza de la rodilla optimizando así tu rehabilitación. La terapia de rehabilitación consta de tres etapas de ejercicios cuya intensidad irá variando gradualmente. El momento preciso para el inicio de cada una de ellas, depende de tu estado físico, tus progresos y de cómo responda tu organismo a la cirugía.
  2. Tómate las cosas con calma durante la etapa inicial. Los ejercicios serán suaves y estarán enfocados en recuperar el equilibrio y la coordinación. La etapa inicial de la terapia debe comenzar tan pronto dejes el hospital. Algunos de estos ejercicios son:
    • Contracción de cuádriceps. Este es un ejercicio isométrico y puedes realizarlo acostado o de pie. Presiona o empuja tu rodilla contra el piso. Mantén esta posición durante 6 segundos. Realiza dos o tres series de 10 repeticiones cada una por sesión.
    • Elevación de piernas. Puedes realizar este ejercicio sentado o acostado. Dobla tu tobillo formando un ángulo de 90 °. Endereza tu rodilla lo más que puedas y levanta la pierna y el muslo aproximadamente 30 cm (1 pie) del suelo. Mantén esta posición durante 6 segundos. Realiza dos series de 10 repeticiones cada una por sesión.
  3. Cargar peso sobre la rodilla operada. Durante los primeros días después de la operación es posible que necesites usar muletas. El médico te dará las instrucciones necesarias para que gradualmente vayas aumentando el peso que tu pierna, tu rodilla y tu pie deben soportar. Cuando puedas apoyar nuevamente todo el peso de tu cuerpo sobre tu rodilla, entonces será el momento de dejar las muletas. La terapia de rehabilitación, no incluye el uso de muletas, no obstante, resulta fundamental para que puedas movilizarte durante la etapa inicial.
  4. Avanzar hacia la segunda etapa. Cuando estés listo para dejar las muletas, puedes empezar con los ejercicios de la segunda etapa. Estos ejercicios serán de gran ayuda para recuperar la movilidad de tu rodilla, es decir, la amplitud del movimiento y la fuerza muscular.
    • Ejercicios de movilidad. Siéntate sobre una mesa con las piernas colgando. Engancha el pie de tu pierna sana debajo del tobillo de la pierna operada. Eleva la rodilla de la pierna operada, utilizando la pierna sana como apoyo para extender y descender la pierna lo máximo que puedas pero lentamente.
    • Bicicleta. Utiliza una bicicleta estacionaria. Realiza este ejercicio cuando sientas que has recuperado la fuerza y ya tienes una buena movilidad articular. Asegúrate de graduar la resistencia de los pedales a un nivel lo suficientemente exigente, teniendo cuidado de no ejercer una presión excesiva sobre la articulación en recuperación.
    • Extensión de cuádriceps. El cuádriceps es el músculo que se encuentra en la parte anterior del muslo. Acuéstate con la rodilla sana doblada y el pie apoyado sobre una superficie plana. Coloca un objeto acolchado y ligeramente pesado sobre tu rodilla operada y levanta tu pierna extendida unos 30 ̊ del piso. Mantén esa posición durante 6 segundos y lentamente vuelve a la posición inicial.
  5. Avanzar hacia la tercera etapa. Si sientes que tu rodilla ha recobrado su rango de normal de movimiento, significa que estás listo para iniciar la tercera etapa de la rehabilitación, que consiste en retomar tus actividades normales de manera cuidadosa y progresiva. Recuerda que el momento preciso para el inicio de esta etapa depende de tu condición física y tu edad; sin embargo, existen otros factores como la alimentación y alguna lesión anterior que pueden afectar el tiempo de duración de la rehabilitación.
    • Si la práctica de ejercicio de manera regular, no forma parte de tus actividades cotidianas, este podría ser un buen momento para ponerte en forma e incorporar el ejercicio a tu vida diaria. Está demostrado que una alimentación balanceada y la práctica constante de actividad física, tiene una serie de beneficios para la salud como la prevención de lesiones y la disminución de la posibilidad de contraer enfermedades.
    • Evita el alcohol y el cigarrillo. De esta manera, tu rodilla se recuperará rápidamente y podrás mantener tus articulaciones en buen estado. Una persona alcohólica puede perder el equilibrio y está más propensa a sufrir una lesión.
    • Evita el ejercicio físico extenuante y cualquier actividad que te demande un esfuerzo físico excesivo.

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